domingo, 22 de noviembre de 2015

De los orcos y los elfos



Juro como orco que a veces no entiendo a los elfos. Ellos quieren continuamente hacerse daño, y yo no quiero hacer daño a nadie. Quiero ser libre, y volar al lado de quien yo elijo. No estar atados no significa que queramos volar por separado.

No sé cómo has llegado hasta aquí ni qué dolor has sufrido en el pasado. Pero si lees esto, quiero que sepas que no busco pelea. Que mis palabras por whatsapp no son hirientes y leo las tuyas como tal. Que me muero un poco por dentro cada vez que te sientes atacada porque no quiero atacarte.

Y sobre todo, quiero que sepas que te quiero, en lo bueno y en lo malo. Incondicionalmente. Por eso sufro cuando te veo así.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Planes

Todos los incompetentes joden los planes. Hoy me los han jodido todos.

Iba a ser el día más ocupado de hace mucho tiempo, con casi 20 horas de curro, un curro deportivo que me gusta. Mi plan B era irme de viaje toda la mañana a Francia. Mi plan C, era aprovechar la nieve.

¡Pues hale! ¡Ya lo han jodido todo! ¡Ni deportes, ni Francia, ni nieve y no voy a ver un duro!

Por quedarme me he quedado hasta sin la posibilidad de hablar con ella. Y ni puta gracia me hace. Era mi único consuelo, contarle todo esto, cómo me siento. Los cinco minutos de darnos las buenas noches y decirnos que nos queremos lleva siendo mi momento favorito del día desde hace varios meses.

Hoy, desde luego, es un día que si no me hubiera levantado de la cama no hubiera pasado nada. No hubiera perdido el tiempo.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Daño

Daño. Hazme daño. Sólo el daño que me hagas me recordará que sigo vivo.

Dime lo que tengas que decir y luego hazme el amor con violencia. Al acabar nos fumaremos el mundo en un cigarrillo de liar compartido.

Necesito saber que sigo vivo. Porque ahora mismo estoy muerto.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El Santuario Interior

Todo el mundo tiene, en su biblioteca interior, un pequeño rinconcito secreto, un sitio donde guarda sus recuerdos más preciados en una caja multicolor. Ese santuario, tan a menudo cubierto de polvo acumulado, es totalmente inaccesible para todos aquellos que lo buscan con desesperación.

No saben que jamás debe buscarse.

El santuario interior sólo puede compartirse. No tiene llaves que lo custodien, sino promesas más fuertes que los hechizos de Morgul. Cuando compartes una pequeña parte de ese lugar, desaparece el polvo de las estanterías y se ilumina el oscuro pasillo con un poder especial. Sientes su mágica aureola, se vuelve palpable, y descubres que el santuario interior no puede buscarse ni encontrarse.

Sólo puede compartirse. Por eso compartir significa querer.

Puede compartirse en medida que compartes las caladas de un cigarrillo de liar. Y entre calada y calada, rozar los dedos de la otra persona en una promesa silenciosa, preparando ese pequeño santuario. Jamás invadido ni corrompido en el transcurso de la vida. Allí permanece, sin mancillar, blanco e inmaculado.

Allí está mi caja multicolor. Y allí hay filtros y tabaco, una pañoleta y también habrá un tótem. Pero no estás tú. Tú estás junto a mi, en el santuario, ayudándome a llenar otra caja multicolor. Una bien grande. Una que sea de los dos.

Te quiero.